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Todos los conocemos: la "buena cubertería", el traje bueno", el piso y el "suelo de madera bueno".
Todos son bellos, pero no sirven para poder vivir. Despreocupación, la alegría de vivir, así como las travesuras de los niños no son "buenas características" a pesar de que se habían creado especialmente para apoyar el sentimiento del bienestar.
Decenios desaparecían detras de puertas cerradas y alegraban silenciosamente sólo el corazón de sus propietarios. Menos mal que la historia de la vivienda alemana se ha quitado la camisa de fuerza del cuidado y ha transformado una nueva cultura doméstica para el imperio privado en una pasarela con actividades alegres, sociales pero también tranquilas. Sobre todo el suelo sufría por las huellas que dejaba la vida. Esto marcaba en la mayoría de los revestimientos la selección del material para el pavimento. Ante el aspecto de algún zapato de tacón de un anfitrión, hubiese preferido poner un cartel con "prohibido el paso" o al menos le hubiese pedido a la visita ponerse zapatillas.
Pero los pavimentos de madera de alta calidad han pasado por tiempos de emancipación tanto en cuanto a la fabricación como también en cuanto a su acabados y hoy en día soportan fácilmente la vida. Ya sea con zapatos de tacón, con botas de goma, zapatillas de gimnasia, descalzo o sobre cuatro patas - se puede pisar sin cuidado, caminar tranquilamente, correr o alborotar. Esto no es solamente un alivio para el dueño de la casa, sino que también forma parte de una vida sin preocupaciones sobre un suelo estupendo.
Entre el pañuelo para acurrucarse el niño o la manta contra el reumatismo, entre un suelo laminado y una tarima de madera maciza, entre un Roble Calizo y un Cerezo acabado al aceite se puede reír, jugar, alborotar, trabajar o enamorarse sin tener que pensar constantemente en las huellas del pasado. Póngamos un cartel nuevo: "Bienvenidos a la vida, permitido el paso."
